Para todos aquellos que de alguna u otra manera luchamos contra el cáncer, bien desde la clínica o desde la investigación más molecular, la muerte de un enfermo no deja de ser un fracaso. Cuando además ese enfermo es un gran amigo, la cosa cambia, ya que la sensación de frustración está acompañada por un gran dolor.
Ayer por la noche ha fallecido mi amigo Víctor, a un edad realmente muy temprana. He seguido su enfermedad desde el principio muy de cerca, y he intentado hacer todo lo posible para ayudar. Su caso ha estado marcado por la mala suerte, e incluso diría que por cierta negligencia médica (ahora no es el momento de hablar de ese tema). Ha tenido que luchar con uno de los peores tipos de cáncer que existen, y aunque ha combatido con todas sus fuerzas, al final no ha podido ser. Hoy la noticia, aunque esperada desde semanas, me ha dejado completamente destrozado.
He tenido la suerte de ser su amigo, porque por encima de todo eso es lo que era, un gran amigo. Nunca olvidaré como se preocupo por mi mujer en momentos muy dificiles para mi. Como homenaje a Víctor, aquí os dejo un fotograma del último video que me envió al móvil. Un atardecer maravilloso invitandome a ir a comer a Málaga. Ahora que lo he recordado, me ha parecido una metáfora muy bonita.
Prometo ir a comer a Málaga y ver un atardecer acompañado de tus amigos. Prometo igualmente Víctor, seguir poniendo todo mi esfuerzo y mis recursos en seguir combatiendo a la enfermedad contra la que has luchado.
Ya es hora de descansar amigo.










